¿Cómo se adapta un niño a un hermano adoptado?

¿Cómo se adapta un niño a un hermano adoptado?

La adopción es una práctica muy extendida en países occidentales. En muchos casos, parejas fértiles que han tenido ya uno o varios hijos, deciden adoptar (o bien por la edad de los progenitores, o bien por vocación altruista). Pero la adopción e inserción de un niño en el seno familiar, no siempre es fácil, sobre todo si tendrá hermanos.

Aquí repasaremos algunos elementos claves de la adaptación de los hijos consanguíneos a la llegada de un hermano adoptado.

El delicado proceso de integración del niño adoptado

En muchas ocasiones, los niños adoptados llegan a la familia receptora tras haber pasado por situaciones emocionalmente delicadas. Un ejemplo de ello lo vemos en la célebre películo Estiu 93, donde una niña huérfana pasa a vivir con sus tíos, que ya tienen un hijo.

El proceso de adaptación de los dos hermanos es difícil, tanto para el recién llegado como para el hijo consanguíneo.

El primer paso del proceso de integración consiste en establecer vínculos entre los hermanos y, a su vez, entre los padres y el hijo adoptado. Es habitual que, en los primeros compases, se produzca cierto rechazo. Es importante, pues, de entrada, armarse de paciencia y de comprensión.

Por otro lado, el niño que ingresa en una familia nueva, puede llegar con patrones de conducta o aprendizaje modelados de forma ajena a la familia. Es fundamental insertar poco a poco al recién llegado a la dinámica de la familia. Imponer reglas y restricciones desde el principio puede ser motivo de complicaciones.

Cómo acercar a los dos hermanos

Un estudio de la UAB determinó que los niños adoptados no presentaban grandes diferencias de adaptación comparados con niños legítimos. Ahora bien, en el vínculo entre un adoptado y su nuevo hermano sí es necesario ir con cuidado para evitar situaciones de dominación o subyugación.

Por un lado será necesario explicarle al hijo legítimo qué va a ocurrir con la llegada del nuevo hermano, preparar su llegada con antelación y convertirla incluso en algo deseable. De esta manera, con la llegada del niño adoptado habrá predisposición para la inclusión.

Por otro lado, la tutela y presencia constante de los padres adoptivos en los primeros meses de adaptación será imprescindible, sobre todo para controlar los juegos simbólicos y el estatus de equilibrio y empatía entre los hermanos.

Este control (que no quiere decir mandato), permitirá a medio plazo crear circunstancias favorables para que tanto el hermano legítimo como el adoptado generen un vínculo de hermandad y cercanía sólido.


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